viernes, 17 de agosto de 2012

EL VIAJE: IV y V


IV
     El caso era que el virrey de lo que después se conocería como Méxhico, y en estos momentos era La Nueva España, lleno de soberbia, había decidido que en la ciudad de San Miguel de Allende se levantara un templo dedicado al santo arcángel sobre la pirámide de los aztecas para demostrar a los nativos que aparte de los caballos, las armaduras y los truenos de fuego con los que les dominábamos también estábamos más cerca del cielo que nadie.
     La tal pirámide, nos explicaba don Pedro, es la más grande que jamás se ha construido, incluidas las de los sarracenos, y el problema es que está medio hueca por dentro y cuando intentaban cimentar la nueva iglesia se les iba el artificio al traste… y no lo dijo con estas palabras, pero si era el sentido, que su Majestad don Felipe el Cuarto le había platicado que ya estaba bien de tocarse los güevos y de pavonear por Híspalis con su flamante amante gracias a un plano que le había saqueado a Vignola y que debía ir a desfacer el entuerto a la mayor gloria de Dios, de la Patria y de la Humanidad, que en cierto modo identificaba con su propia persona.


     La color se le iba recobrando cada vez más a mi señor don Francisco según parlamentaba su amigo arquitecto y su mente iba urdiendo una trama.
    “Si hay viaje obligatorio sufragado por su Majestad habrá una flota de galeones y naves de acompañamiento de la suficiente entidad para resistir tanto los embates de la mar océana como los envites de los fucks corsarios ingleses y holandeses, con lo que los cuadros que tengo comprometidos con diversos conventos e iglesias de por allá, y que tengo durmiendo el sueño de los justos en el almacén, irán mucho más seguros que si organizo yo el flete. Y, ¿quién mejor que Esther para que represente nuestros intereses y, de paso, tenga su bebé por aquellas tierras? Don Lope, además de dejarla preñada, la enseñó a tener una correcta caligrafía, y si de su madre ha sacado la mitad de la picardía para los números tengo asegurado que mi fortuna andará en buenas manos.”
     Así pues me reenviaron a la cocina, donde me esperaban Aixa y una pila de platos y cazuelas para fregar, pues como entre otros manjares se había comido cochinillo asado al horno de leña ella no los podía tocar… y se quedaron los hombres brindando con el vino dulce y especiado por el buen viaje de don Pedro, y haciendo cábalas y especulaciones sobre los destinos en que tocaría la flota.

V
     Don Francisco estaba muy contento aquella mañana por muy diversos motivos, el principal era que le habían confirmado que había dejado encinta a doña Leonor, y tener un hijo es la mayor alegría que puede tener un ser humano… Otra nueva también excelente es que se iba a poder desembarazar durante un tiempo de fray Raimundo pues, aprovechando la flota que se iba a poner en marcha, sus superiores le enviaban a que realizara un informe de cómo iba el asunto de la evangelización y si se relajaban las costumbres por allá, lo que le permitiría abrir el post taller donde se afanaba en componer la serie de los doce trabajos de Hércules que le habían encargado para decorar el Casón del Buen Retiro de Madrid y que como corresponde al caso estaba plagada de desnudos… (Silvio, el amigo italiano de don Pedro, posó en algunas ocasiones para él, por si queréis disfrutar alguna vez de cuanta belleza acaudalaba el mozo)
     Está última noticia no me entusiasmo mucho a mi, que ya había sido informada de que participaría en el viaje, porque me daba el palpito de que compartiríamos galeón y me tendría atada de cerca y llena de jaculatorias.
     Como compensación recibí la grata de que nos acompañaría Bartolomé Esteban porque don Francisco, que estaba en todo, había pensado que era posible que en la travesía se pudiera deteriorar algún cuadro, y nadie mejor que él, que sabía cómo se había elaborado cada color, lo pudiera reparar.


     Cuando vino mi madre a despedirse me enteré que además tendría más compañía, pues ella nunca echaba puntada sin hilo, así que convenció a don Francisco, a quien primero recriminó que se le hubiera ocurrido hacerme viajar más que al baúl de su tocaya Piquer, de que me acompañaran en la aventura dos damas de calidad, que tenía en su negocio disponibles, con objeto de que sacaran unos rentables maridajes entre la nobleza criolla. Se llamaban Elena y Cristina, eran de origen francés, ni guapas ni feas sino todo lo contrario según las luces y el adorno, y las acompañaban cartas de presentación que podrían ser dignas de auténticas infantas. Por supuesto habían sido redactadas y escritas por nuestro Arturo Pérez, y las firmas falsificadas, que también tenía buena maña para ello y disponía en la correspondencia de mi patrón de muy ilustres rúbricas con las que entrenar en sus ratos de ocio, que en los últimos tiempos habían sido mayores desde que se fue Lopito, pues en cuanto le veía desocupado le ponía a hacer copias de alguna de sus comedías para facilitar que hubiera ejemplares  en cantidad suficiente para que se las aprendieran pronto los principales actores del reparto.
    Y era tal la eficiencia de nuestro amanuense que en alguna ocasión, de las que más le gustaban, hacía copias extras para su propio deleite o para regalárselas a las amistades en ocasiones señaladas, así cuando la partida del poeta, como siempre sabía más de lo que aparentaba saber, puso en mis manos un ejemplar completo y cosido con hilo burdo de “El Perro del Hortelano”…
     - Con los ojos llenos de lágrimas no se puede leer, se ve todo borroso –me dijo con tanta donosura como era capaz de pronunciar, y yo comencé a preguntarme si en tanta proliferación de obras de mi amante en alguna parte además del copiado no habría estado la  idea y el escrito de otra mente y otra mano.

(Nota del editor para saber por dónde se van a mover nuestros protagonistas durante la travesía:
     Las proporciones de los buques del siglo XIV y XV se obtenían a partir de la vieja fórmula murciana tres, dos y as, es decir, eslora triple que la manga y ésta doble que el puntal, para el galeón se pasa al 4:2:1, algo más corto y ancho que una galera y más largo y menos alto que una nave, si bien esta altura era elevada notablemente por la presencia de un considerable acastillaje (cubiertas y estructuras elevadas usadas como plataforma de tiro) a proa y a popa, característica que heredaron de las galeras, pero el elemento más típico que conservaron de éstas es el espolón que se prolonga en el largo bauprés, aunque ya desprovisto de su función ofensiva y sin refuerzos de hierro, pasando a convertirse progresivamente en beques: plataforma abalconada desde la que se maniobra la jarcia de la proa y que alberga los jardines o letrinas de la tripulación. De ahí la forma en U del perfil de la nave, aunque poco aerodinámica para cortar las olas muy funcional y organizada en lo social y lo militar.
     En un manuscrito veneciano del siglo XVI se describen las dimensiones de un galeón: eslora entre perpendiculares 41,3 m, eslora en la quilla 30,5 m, manga 10 m.
     El galeón fue en su versión definitiva un buque más largo y estrecho que la nave y más corto y ancho en proporción que la galera, generalmente de menos de 500 toneladas aunque algunos, como los galeones de Manila, podían alcanzar las 2.000 toneladas.)

     Como a cualquier Estado que trata de hundirse sin remedio la burocracia le crece como un cáncer que no hace sino crecer y aniquilar la imaginación y los proyectos de las personas de buena voluntad por aquí iba así el cuento. Como ejemplo, la Casa de Contratación donde se reunían las mercaderías que se intentaba hacer cruzar el Atlántico (brocados, muebles, damas de compañía, libros, porcelanas, los cuadros de mi señor don Francisco y demás…) estaba ubicada en Sevilla mientras que el puerto de embarque era Cádiz, por lo que había que hacer un primer trayecto en barcos de menor calado para bajar el Guadalquivir hasta Sanlúcar de Barrameda que seguro que hacía ingresar buenos ducados en las arcas de álguienes…
     Por fin en Cádiz, esperando se acabara de ultimar el aparejo de las naves…

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