miércoles, 22 de agosto de 2012

EL VIAJE - IX


IX
         La vendetta de don Silvio (primera parte)

         Aunque tuvimos conocimiento de ella algunos años más tarde para que no quede aislada o tal vez olvidada entre otras mil aventuras procederé a relatarla a continuación.
         A la turba de hampones vernáculos también se le había unido alguna de foráneos entre la que destacaba la de los italianos, no huelga recordar que el Reino de las Dos Sicilias, que agrupaba a la isla con Nápoles, también era posesión de nuestro monarca Don Felipe el Cuarto.
         Como de todos es sabido los italianos fuera de su patria forman piña y generan estructuras con las que defenderse del medio hostil que con frecuencia les hostiga por ser diferentes y tener tendencia a hablar más con las manos que con la lengua. Enterada la comunidad napolitana, el suceso en el que había hasta intervenido un miembro de la Santa Inquisición debió de ser la comidilla de los corrillos y mentideros durante los días siguientes, de que uno de sus miembros se encontraba herido envió a uno de sus representantes más preclaros a visitarle, se trataba de un tal Vittorio, natural de una aldea siciliana llamada Corleone, que tenía una voz ronca como de asmático…


         Aunque la conversación fue sin duda en toscano o en algún dialecto del sur yo la transcribo en castellano tal como la enunció Don Pedro, que fue quien me la relató.
         - Así que os agredieron unos matones de tres al cuarto…
        - No debían de ser de tan baja estofa, porque llevaban armas de fuego… Me extrajeron un balín de dos onzas.
        - Puedes estar seguro, caro amico, que está fechoría no quedará indemne y que encontraremos a los culpables y le daremos una lección para que aprendan a respetar a nuestra gente.
         - La vendetta  debe ser personal, a mi me hicieron el daño y Silvio se resarcirá de ello por si mismo… Lo que si podéis es localizarlos y darme alguna seña de sus costumbres.
         - Si me das algún tipo de descripción…
      - Al cabecilla, que era un tipo mal encarado y con un cierto acento sevillano, el joven aprendiz de don Francisco de Zurbarán le clavó unos afilados carboncillos en los ijares que deben de estarle escociendo todavía como a mi esta maldito agujero que me tiene postrado, y don Pedro le atravesó la muñeca con la blanca, con lo que estará algún tiempo fuera de circulación…
         - Con esas señas no creo que sea difícil encontrarlo porque heridas de ese tipo son causa de risas y jolgorio en los corrillos, jejejeje… Cuando te encuentres mejor y te dejen salir del hospital búscame que ya tendré amplia información sobre ese malandrín, sólo tienes que preguntar a cualquier compatriota por El Padrino…
         Y Silvio mejoró y terminó de restablecerse en una mancebía regentada por una mora con quien había hecho amistad Aixa en una mezquita clandestina antes de volverse a Sevilla… Y encontró a don Vittorio quien le dio cumplida información de quien era Monopodio, que tal era el nombre del taimado agresor, y que aunque tenía algunas mozas de punto a su servicio le gustaba experimentar placeres nuevos… Y juntos urdieron una trama para llevar a cabo la vendetta…

No hay comentarios:

Publicar un comentario