XI
Don Ignacio de Angulo era un
caballero enjuto de ojos claros que provenía de una familia noble de Cantabria,
y que podría haber llegado a ser por méritos y acciones Capitán General de no
haber tenido algún que otro roce con el Conde-Duque de Olivares, valido de
nuestro Monarca don Felipe el Cuarto, y quien, en realidad, ostentaba el poder
en el Imperio, como bien claro lo dejó en su retrato sobre el caballo más
robusto del Imperio don Diego Velázquez…
Entre
otras excentridades tuvo la osadía para su tiempo de sentarnos a su mesa a
Bartolomé Esteban y a mí, eso sí con el aliciente de que ésta era servida por
mis damas de compañía en vez de por zafios marineros y de que el aprendiz de
pintor iba a hacerle un retrato al óleo a nuestra llegada, pues con el bamboleo
de la embarcación resultaba casi imposible que los colores permanecieran en sus
tarros y se pudiera pintar nada.
No
era la única mujer a la mesa pues también viajaba con nosotros doña Esperanza Aguirre,
de orígenes vascos, que había sido muy renombrada en su juventud por montar los
caballos a horcajadas como los varones y vestir de cuero, y que ahora ya un
poco ajada su hermosura y endeudada su familia llevaba intención de casarse con
el hermano del virrey de Nueva España, que tenía amplias posesiones por allá.
Como compartíamos camarote junto con su criada y mis damas, porque un galeón
era un lugar bastante peligroso para una mujer y nuestro Almirante había
decidido mantenernos juntas por nuestra propia seguridad, ya tendremos ocasión
de hablar más largo y tendido sobre ella y sus ideas.
Aparte
de la oficialidad, también compartía mantel con nosotros el Capellán. Era éste
un joven jesuita muy aficionado a la música que tenía la intención de evangelizar
a los indios del Alto Paraná y de paso enseñarles a tañer los instrumentos
europeos y a cantar, en un lugar donde ya se habían establecido otros hermanos
de su orden y que era conocido como Misiones. Xavier Güell, que tal era su
nombre pertenecía a una familia de la aristocracia comercial catalana, y en
alguna ocasión me confesó que uno de los motivos de su lejano viaje era
alejarse de una familia donde entre su vocación religiosa y su vocación musical
era considerado como una oveja negra, a los que también ayudaba el color de su
hábito.
Una
vez hubimos zarpado, y mientras se acomodaban los diferentes galeones, naos y
bajeles, a la ordenada formación que habría que llevar durante la travesía
mediante pausadas maniobras, don Ignacio nos ofreció un vino dulce de Oporto
para darnos la bienvenida a bordo y a la vez calmar nuestros ánimos, que entre
el sabernos en alta mar y el barullo que había en la nave estaban un tanto
alterados. Aparte de que
todavía quedaba reciente la fechoría de los corsarios holandeses, pues en 1628
Pedro Hein comandó la flota holandesa en la batalla de la bahía
de Matanzas, en la que
derrotó y capturó las embarcaciones que formaban la Flota de Indias
en su ruta desde la Nueva España
hacia Europa frente a las costas de Cuba. Luego del saqueo, Hein llevó hacia
Holanda un cargamento de toneladas de oro y plata provenientes de las minas de México.
Aunque los cargamentos de ida no fueran tan ricos en riquezas materiales, el
dar un jaque a la Todopoderosa España siempre era una tentación que ningún fuck
anglosajón o flamenco dejaría de lado si se le daba la oportunidad…
-
La seguridad de nuestra flota de Indias está totalmente garantizada –comenzó a
informar con una voz bastante engolada, carraspeo un poco, tomó un sorbo de
vino y continúo -: Al frente va la nave Capitana, muy bien artillada y comandada
por don Marcelo de Usera, un general de renombre que ya ha realizado en varias
ocasiones la travesía, los flancos van protegidos por galeones artillados, y
nosotros estamos en la Santa Utopía, cuyo nombre es un homenaje al Beato Tomás
Moro, mártir víctima del fuck hereje anglosajón Enrique VIII, que esperamos
algún día sea canonizado como santo por el Vaticano y que Dios Nuestro Señor
tendrá en su Gloria, y somos la nave Almiranta que cierra la formación y que se
encuentra perfectamente equipada y artillada para hacer frente a cualquier
eventualidad terrena… para estar congraciados con las divinas nuestro capellán,
micer Xavier Güell, rezará a continuación una plegaria…
Terminado
el rezo se alzaron las copas… y lo siguiente que recuerdo es que me encontraba
en un camastro rebozada en vómitos que Elena y Cristina se afanaban en limpiar
mientras me desnudaban…

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