jueves, 30 de agosto de 2012

EL VIAJE - XVI



XVI
         Aunque para mí la duración del trayecto había dejado de tener importancia pese a las incomodidades del camarote y la compañía de la cansina doña Esperanza y su retahíla de las privatizaciones, que tenía un no sé que de retorno a los pasados Reinos de Taifa, esta vez de esencia mercantilista, porque viajaba en compañía de las personas a quien más quería en este mundo: Bartolomé Esteban, don Pepe y aquella cosita que me daba pataditas en el vientre desde dentro…

         La conversación que rompió de forma tan estruendosa la tormenta se volvió a reanudar en otro anochecer pocas jornadas después.
         - Mis estudios, tanto de construcción como de adentrarme en los vericuetos de nuevos pensamientos se vieron interrumpidos cuando me llegó la noticia de que mi padre había sido muerto ayudando a las tropas del Rey, representante de Nuestro Señor en el mundo terrenal, sofocando una rebelión de nobles criollos en contra de la subida de impuestos, lo que me hizo regresar a la hacienda para atender a mi madre… Y llegué a tiempo para verla morir de pena y desasistencia –unas lágrimas furtivas dieron más brillo a sus ojos café -, pues en nada se había premiado por parte de la Corona aquello por lo que había dado la vida mi progenitor, lo que me hizo reflexionar y empezar a tener una postura más crítica sobre la naturaleza divina que se atribuyen las monarquías…


         Esa forma de hablar tan fluida y clarividente de don Pepe me dejaba anonadada y sólo se me ocurría callar su locución cubriendo su boca con mis besos, pero tanto el temor de que mi acción desencadenara una nueva tormenta como la presencia cercana de mosén Xavier me detenían. De ahí pasó a relatar cómo había reorganizado la hacienda, cómo en un viaje a la capital de Nueva España se había enamorado de una indígena descendiente de Moctezuma, cómo le había dado un hijo al que bautizaron como Cuauhtémoc Luis ..
         - Mi esposa murió de unas fiebres mal curadas, la vida en los trópicos tiene unos cambios de clima muy pronunciados… y hay escasez de médicos.
         - Lo mismo que en este galeón, que ejerce de tal el barbero.
      - Para remendar una herida o hacer una sangría es tan válido como cualquier otro, pero será mejor procurar que no enfermemos –y me ofreció una cebolleta fresca, la más valiosa dosis de vitaminas que se podía regalar en un galeón, mientras el comenzaba a mordisquear otra, no era tan romántico como alzar una copa de espumoso pero seguro que sí era más sano.
         - Como supongo que ya habrá notado todo el ornato y pedrería que llevamos mis damas y yo son pura bisutería –quise aclararle para que no tuviera mi posición económica por lo que no era y pudiera rectificar a tiempo si había puesto los ojos en una mujer no adecuada para él, aún a riesgo de morirme de dolor si me hubiera sentido rechazada -. Y la ocupación anterior de ellas era ejercer su oficio en una mancebía que regenta mi madre…
         - Toda persona tiene el derecho a prosperar y buscar su felicidad –contestó él -, no acostumbro a fijarme en los oropeles ni a tener prejuicios sobre las personas. Eliseo, que según la mitología griega es quien gobierna en el Paraíso, tuvo tres Hijas: la Alegría, la Libertad y la Felicidad, y es lo que se supone que son las mayores glorias para el ser humano…

         El grito desgarrado de un grumete desde las alturas de la cofia interrumpió su locución…
         - ¡¡¡ Naves a estribor sin bandera!!!

         Como estaba anocheciendo no era inminente un ataque, ni siquiera se sabía cuál era la intención de las naves que se acercaban ni por qué no portaban un pabellón reconocible, pero los faroles entre los galeones de nuestra flota comenzaron a enviar mensajes en un alumbrar y desalumbrar de indescifrable significado, cuyo resultado último parecía que era un deseo de reagrupamiento como cuando un rebaño de ovejas siente en el aire el olor de una manada de lobos.

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