V
DE
LOS JUEGOS Y CANCIONES INFANTILES CON LAS HIJAS DE SERENA.
Su
madre, Serena, que era color de ébano, las llamó un poco al orden para que
dejaran de alborotar. Micaela había salido a la madre y Mónica al padre, al
menos en cuanto a las coloraciones de su epidermis, porque los ojos de Micaela
eras verdes y rasgados, seguro que herencia de algún antepasado árabe que
familiarizó con el linaje de los Bacardi allá por Al Andalus.
Mi
perdida hija me levantó del asiento y me hizo acercarme a ellas, y de paso
alejarme de la hedionda humareda que pronto se levantaría y que no me gustaba
nada.
Había
una cuerda de pita atada entre dos ramas de un árbol, que seguro utilizaban
para tender la ropa a secar, y me acordé de lo mucho que de pequeña me divertía
saltando a la comba, así que le propuse a Serena que iniciáramos a las niñas en
el juego y amenizarlo con una canción que me traía recuerdos de mi tierra:
Tanto
vestido blanco,
Tanta
parola,
Y
el puchero en la lumbre
Con
agua sola...
Al
limón, tira del cordón,
Si
vas para España,
¿Dónde
irás tú, amor mío,
Que
yo no vaya?
El
puchero está roto,
Tiene
una raja
Y
por allí se salen
Las
calabazas…
Al
limón, tira del cordón,
Si
vas a La Habana,
¿dónde
irás tú, amor mío,
Que
yo no vaya?
Tengo
las calabazas
puestas
al humo,
al
primero que llegue
se
las emplumo.
Al
limón, tira del cordón,
Si
vas a Santiago,
¿dónde
irás tú, amor mío,
Que
yo no vaya?
Tanto
reloj de oro,
tanta
cadena,
luego
van a su casa
y
no tienen cena.
Al
limón, tira del cordón,
Si
vas para Cuba,
¿dónde
irás tú, amor mío,
Que
yo no vaya?
Con
el ajetreo de los saltos las niñas se cansaron y se tendieron junto a una
palmera mientras reían, y su madre aprovechó la ocasión para enseñarme los
jardines de la hacienda, y durante el paseo hacernos mutuas confidencias…

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