lunes, 1 de octubre de 2012

LAS ISLAS - V



V
         DE LOS JUEGOS Y CANCIONES INFANTILES CON LAS HIJAS DE SERENA.
         Su madre, Serena, que era color de ébano, las llamó un poco al orden para que dejaran de alborotar. Micaela había salido a la madre y Mónica al padre, al menos en cuanto a las coloraciones de su epidermis, porque los ojos de Micaela eras verdes y rasgados, seguro que herencia de algún antepasado árabe que familiarizó con el linaje de los Bacardi allá por Al Andalus.

         Mi perdida hija me levantó del asiento y me hizo acercarme a ellas, y de paso alejarme de la hedionda humareda que pronto se levantaría y que no me gustaba nada.


         Había una cuerda de pita atada entre dos ramas de un árbol, que seguro utilizaban para tender la ropa a secar, y me acordé de lo mucho que de pequeña me divertía saltando a la comba, así que le propuse a Serena que iniciáramos a las niñas en el juego y amenizarlo con una canción que me traía recuerdos de mi tierra:
         Tanto vestido blanco,
         Tanta parola,
         Y el puchero en la lumbre
         Con agua sola...
         Al limón, tira del cordón,
         Si vas para España,
         ¿Dónde irás tú, amor mío,
         Que yo no vaya?

         El puchero está roto,
         Tiene una raja
         Y por allí se salen
         Las calabazas…
         Al limón, tira del cordón,
         Si vas a La Habana,
         ¿dónde irás tú, amor mío,
         Que yo no vaya?

         Tengo las calabazas
         puestas al humo,
         al primero que llegue
         se las emplumo.
         Al limón, tira del cordón,
         Si vas a Santiago,
         ¿dónde irás tú, amor mío,
         Que yo no vaya?

         Tanto reloj de oro,
         tanta cadena,
         luego van a su casa
         y no tienen cena.
         Al limón, tira del cordón,
         Si vas para Cuba,
         ¿dónde irás tú, amor mío,
         Que yo no vaya?

         Con el ajetreo de los saltos las niñas se cansaron y se tendieron junto a una palmera mientras reían, y su madre aprovechó la ocasión para enseñarme los jardines de la hacienda, y durante el paseo hacernos mutuas confidencias…

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