XVIII
SOBRE
CÓMO UNA ACABA POR ACOSTUMBRARSE A CUALQUIER SITUACIÓN, AUNQUE SE PASE BUENA PARTE
DEL DÍA MIRANDO AL HORIZONTE.
Bien
de amanecida, y después de una noche de sueños y velas intermitentes, en la que
no faltó alguna pesadilla en la que se entremezclaban la realidad recién vivida
con algunos fantasmas del pasado, regresé con Sofía hasta la playa en que
encalló nuestro frágil bajel, para comprobar que no quedaba ni rastro de él. Lo
más probable era que la marea alta lo hubiera puesto a flote y el oleaje lo
hubiera arrastrado hacia cualquier parte, cuando no desbaratado contra alguna rocalla.
Cuando
regresamos a la capilla, ésta se había transformado en una sala de curas en la
que sor Edith se afanaba en cambiar vendajes a los enfermos. Así que nuestra
pregunta de dónde se encontraba la atalaya en que realizar la hoguera que
señalara nuestra presencia, y avisara en caso de que el bajel de don Pepe
pasara a una distancia prudente, quedó en suspenso, y la preguntamos en qué
manera la podríamos ayudar mientras permaneciéramos en la isla.
En
verdad que la tarea de auxiliar en la material y lo espiritual a casi una
docena de enfermos que apenas si podían valerse por sí mismos, algunos con
parte de sus extremidades cercenadas por el mal, era harto ardua y el
trabajo se le acumulaba a la desprendida
benefactora.
- El corral, el huerto… -nos sugirió la monja carmelitana-, sobre el
camastro le he dejado, doña Esther, una saya mía para que no tenga que estar
todo el tiempo sólo vestida con un camisón, aunque le vendrá un poco grande se
lo puede recoger como mejor le convenga…
El
clima tropical del lugar me había hecho olvidar que me encontraba sin vestido,
y supongo que la ocurrencia de la hermana iba más encaminada al decoro que a la
necesidad.
En
el corral había un par de cabras de grandes ubres que proveían de leche a la
comunidad y un cabrón que las cubría cuando se les retiraba la lactancia, con
lo que también de cuando en cuando podían añadir a su frugal dieta algún
cabrito. Y el huerto era más bien una maraña de malashierbas rodeado por una
empalizada baja de cañas, en el que era difícil que prosperara algún vegetal
comestible, se notaba, como nos confirmaría ella poco después, que la educación
de sor Edith había sido ciudadana y le resultaba complicado adaptarse a las
labores del campo. Por fortuna entre la exuberante vegetación de la isla
abundaban los árboles frutales y le resultaba más fácil recolectar que plantar.
Así que Sofía y yo nos pusimos a la tarea de dejar el huerto limpio de maleza.
Terminadas
las curas, la siguiente labor de la hermana consistía en esterilizar las vendas
recién cambiadas en un gran caldero a la lumbre de una hoguera de leña, y
ponerlas después a secar al sol.
Mientras
la ayudábamos trayendo leña para que el fuego se mantuviera siempre vivo nos
fue contando que procedía de una familia judía bastante acaudalada y que había
recibido estudios universitarios en su ciudad, Letras y una rama de la
filosofía que nos trato de explicar con brevedad.
-
Como forma de entender la filosofía, la fenomenología asume la tarea de
describir el sentido que el mundo tiene para nosotros antes de todo filosofar.
Para cumplir con esta tarea parte de un método y de un programa de
investigaciones. En lo que se refiere al método, se vale de la reducción
eidética, la reducción trascendental y el análisis intencional para explicitar
el sentido del mundo en tanto que mundo (o del ser en tanto que ser) y de las
cosas en él, así como para exponer las leyes esenciales inherentes a nuestra
consciencia del mismo.
Yo
no entendía ni patata de lo que nos trataba de explicar, había una buena
cantidad de palabras que nunca había escuchado, pero era agradable oír su
educada voz, y como era diáfano que tenía pocas oportunidades de poder
compartir sus conocimientos con otras personas que quizá los pudieran entender,
era casi de caridad cristiana poner atención a sus palabras.
-
Hermana, aunque procedo de Sevilla no he recibido una educación muy esmerada, y
si mientras servía la mesa de mi señor don Francisco de Zurbarán tuve muchas
oportunidades de escuchar disquisiciones profundas nunca las preste demasiada
atención, siempre me quede más con las anécdotas que con el fondo de las cuestiones…
-
Tal vez no esté empleando un léxico muy apropiado, pero la idea es sencilla: Es
entender las cosas a partir de la experiencia propia en contraposición a
quedarse en meras construcciones de palabras y castillos en el aire… y ahora
iremos recogiendo leña por el camino para prender la fogata en la atalaya,
tomaremos unos capazos de mimbre.
-
Y, ¿sus enfermos? -preguntó Sofía.
-
No son problema, hasta la hora del baño reposan y se afanan en mantener limpias
sus cabañas.

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