VIII
DE
CÓMO NADA SUCEDIÓ COMO LO PREVISIBLE Y DE CÓMO CUALQUIER PRESUNTO CAPTOR PUEDE
CONVERTISE EN UN PRESO.
Según
luego nos contaría don Pepe:
-
La trama urdida hubiera funcionado a las mil maravillas, pues como a media hora
de camino nos encontramos con que un grueso tronco cerraba el trayecto de parte
a parte, aviso de que pronto los facinorosos se nos echarían encima, así que
mientras mi mano izquierda domeñaba con las riendas el ímpetu de mi cabalgadura
la diestra se me fue como de oficio derecha a la empuñadura del alfanje… -hizo
una pausa, para continuar -, mas el obstáculo no estaba solitario, sino que una
media docena corchetes a los que gritaba un alguacil para que aceleraran su
trabajo se afanaban en retirarlo de la senda con lo que si había merodeadores por
los contornos el galgo había alejado a la liebre…
Nos
lo contaba a don Juan Bacardi y a mí, sentados los tres en la calesa. Bien
protegidos por la guardia comandada por el Alguacil del Obispo y con la carreta
de los comediantes cerrando la comitiva.
-
¿Es una orden de detención? –insistía don Juan.
-
No, tan sólo de presentación para pedirme explicaciones, que sin duda serán
muchas porque no se especifican en el escrito.
-
Los tiempos andan muy revueltos y a veces se dan palos de ciego por ver si de
donde no se tiene nada se puede sacar alguna claridad -don Juan le quería
quitar importancia al asunto, quizá más por calmarme a mí, que por tranquilizar
a su amigo.
-
En cualquier caso, cuando lleguemos a Santiago sería preferible que no nos
vieran a los tres juntos, si te ve el Señor Obispo se le podría ocurrir
prolongar el interrogatorio hacia tu persona, querido amigo, y tú, mi amada
Esther estarás mucho más segura en mi finca -y me beso la mano -. También
aprovecharé que estoy en la ciudad para arreglar algunos asuntos económicos que
tengo pendientes con varios comerciantes, con lo que es posible que me detenga
por un par de días.
-
Nos volvemos a separar… -me quejé -.Prefiero afrontar los riesgos a tu lado que
estar sola -y le besé en la mejilla.
-
No seas chiquilla, no vas a estar sola, don Juan te hará compañía hasta mi
regreso, pues también estará interesado en conocer noticias mías de primera
mano y seguro que se queda…
-
Puedes estar cierto de ello y que, en caso de necesidad, protegeré a tu prometida
con el mismo empeño que pondrías tú -le interrumpió don Juan y me dedicó una
amplia sonrisa fraternal.
-
Además, la esposa de Kunta, Sofía, es una gran mujer con la que enseguida
trabarás buena relación, y con respecto al manejo de la casa estoy convencido
que puede ponerte al día mejor que yo… Después que lleguéis y tras un descanso,
que bien se merece nuestro buen gallego, me le retornas con la calesa a
Santiago para mi regreso -se dirigió a su amigo y dio por zanjado el tema.
Pero
mi alma estaba llena de confusión y desasosiego, y mi pensamiento lleno de
incógnitas: ¿Sería tan fácil el litigio con el Obispo, o procesarían a mi
amado? ¿En verdad llegaría a trabar una buena relación con la llamada Sofía, o
ella se sentiría molesta con la llegada de una forastera y con la posibilidad
de cambios que afectarían a su vida cotidiana?

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