VII
DE
LA TRAMPA QUE SE TENDIÓ AL BANDIDO RUBAL CABRALOCA
Nos
hubiera complacido detenernos más espacio en tan grata compañía pero las
obligaciones de mi amado, al que reclamaba el cuidado su hacienda, nos
obligaron a hacer el petate más presto de lo deseado.
-
Don Juan quiere aprovechar nuestra partida para tenderle una trampa al bandido
Rubal Cabraloca, y que deje de hacer felonías por sus tierras, pero como eso
pondrá en peligro tu vida quiero ponerlo en tu conocimiento y hacerle desechar
la idea si no estás de acuerdo…
-
Siempre me hubiera gustado ser una hija de buena familia que viviera una vida
tranquila en la apacible Sevilla. Y tener muchos hijos… pero parece que el
destino se ha confabulado para que mi existencia sea muy distinta… “Unas nacen
con estrella y otras nacemos estrelladas…”
-
Mi querida doña Esther, me gustaría ofrecerte una vida de duquesa pero los
tiempos que nos han tocado vivir están llenos de desasosiego… Si este bandido
se hace fuerte no sería de extrañar que en un momento dado se atreviera a
atacar la hacienda de nuestro hospitalario amigo y poner en peligro la vida de
Serena y sus hijas.
-
Parece que el preguntarme era una tautología… ¿Cuál es el plan, pues?
-
Ofrecernos como cebo para que el bandido caiga en el anzuelo, pero… se me está
ocurriendo una idea mejor para no poner en riesgo tu vida… pero antes hay que
consultar con los comediantes y comprobar cuan adelante son capaces de
arriesgar en una farsa…
Fue
divertido ver a don Pepe tomado del brazo con don Alfonso, que interpretaba mi
papel con soltura aunque fuera una cuarta más alto que yo, y mi vestido le
quedara corto y estrecho, aunque la posible tragedia que se avecinaba se
entremezclaba con lo cómico y nos provocaba a todos permanecer un tanto
envarados, y a quien menos gracia le hacía el asunto era a don Ginés, a quien
se le había dado un papel estelar en la función sin consultar si estaba de
acuerdo o no en participar en ella.
-
¡Carallo con los tiempos que corren, si en la anterior me fui entre los cascos
de la mula no sé como acabaré en esta!
-
Los tiempos tienen fiestas en los conventos y riesgos en los caminos –medio rió
don Pepe, que afrontaba la situación con gallardía pero sabedor del peligro que
se iba a tener tampoco con el alma muy ufana.
Y
en vez de subir a la calesa con la supuesta novia montó en un caballo blanco
que le había prestado don Juan para, en
su caso, poder combatir con mayor desembarazo, porque tampoco estaba claro que
el bandolero cayera en la trampa.
En
cualquier caso el resto de la compañía de comediantes también tenía que partir
hacia Santiago, y era parte de la trama que en su carreta cubierta, donde se
guardaban las vestimentas y tramoyas se escondiera gente armada que serían los
que desbaratarían el hurto. No estaba mi ánimo para esperas así que no estaba
dispuesta en quedarme al margen de aquella acción por lo que me subí al carro
de los volatineros que iban a representar una batalla real.
Este
si iba protegido por una tropa a caballo comandada por don Juan con lo más
granado de sus capataces armados hasta los dientes.

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