XI
DE
CÓMO PROSIGUIERON SU CONVERSACIÓN DON JUAN Y DON NICOLÁS Y DE CÓMO CONOCÍ LA
EXTRAÑA PROCEDENCIA DEL ALFANJE DE DON PEPE.
La
cama de mi amado don Pepe era mullida y me tendí bocarriba a disfrutarla y a
tener ensoñaciones de cómo serían los gratos momentos en que la pudiéramos
compartir, la mano se me fue como en un sin querer hasta la entrepierna y
comencé a acariciarme mis intimidades…
Una
suave brisa balanceaba los visillos de la abierta ventana y a través de ella me
llegaba el fuerte aroma de los cigarros que habían comenzado a fumar y la
conversación que mantenían.
-
Siempre me ha fascinado escuchar el relato de sus viajes y como ha sabido ir
encontrando nuevos aprendizajes en cada uno de ellos, algunos de los cuales
también hemos adaptado en mi hacienda, lo que nunca he acabado de comprender es
esa rara especie de liberalismo que practica don Pepe…
-
Unos aprendizajes son técnicos y otros morales. Supongo que se refiere a que no
existe la propiedad privada en esta hacienda, que todo pertenece a la
Comunidad…
El
cariz que iba tomando la conversación me hizo poner interés en ella y dejar
para otro momento mis veleidades eróticosensuales.
-
El esfuerzo que hacemos por mantener a flote nuestras haciendas y el
trabajo, y los doblones que nos cuesta traer a
los esclavos para que las cultiven justifica que seamos los indianos los que
obtengamos los beneficios y vivamos en un nivel superior.
-
En realidad el beneficio que se obtiene se le llevan por una parte la Iglesia y
por otro las bancas alemanas que le adelantan dineros a nuestro querido Monarca
don Felipe el Cuarto para sus guerras, así que don Pepe ha optado por la vía de
cambiar los beneficios económicos por la felicidad de la gente que le rodea.
-
Lo que nos pone en peligro a sus amigos, seguro que en estos momentos le está
interrogando sobre el tema el Obispo de Santiago.
-
Su Ilustrísima don Eduardo de la Vega y de Seoane no es el peligro por el
momento, se dio buena maña para esconder a sus concubinas cuando nos visitó el
Inquisidor… pronto tendremos a don Pepe de nuevo en casa.
Unas
frases me alarmaban y otras me daban esperanzas, pero todo me resultaba tan
nuevo y tan distinto…
-
Supongo que después de haber tenido una vida tan aventurera como la suya se
encuentra curado de todo espanto, nunca me cansaré de escuchar cómo consiguió
el alfanje que hoy luce nuestro amigo don Pepe, ¿es cierto que perteneció a
Saladino?
-
Usted siempre igual, don Juan - y se le escuchó reír-, enamorado de las
historias y del teatro, hasta mis oídos han llegado noticias de que ha tenido
una temporada a unos cómicos aposentados en su hacienda…
-
Tienen la pretensión de llegar hasta Madrid y representar alguna comedia en el
teatro del Príncipe, para pagarse el pasaje se encuentran ahora en Santiago
para pedirle la venía a su Ilustrísima para hacer alguna obra en la ciudad…
Y
la conversación amena entre los dos amigos hubiera sido interminable sino
hubiera aparecido Sofía.
-
Es de suponer que mi señora doña Esther ya habrá descansado lo suficiente, y
sería mejor enseñarle el resto de la hacienda mientras haya luz.
-
Tiene razón, Sofía, cuando platico con don Nicolás se me pasa el tiempo sin
sentir, vaya a despertarla, por favor.

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