martes, 16 de octubre de 2012

LAS ISLAS - XIV



XIV
         DE CÓMO PUEDE HABER ALGUNOS MOMENTOS DE ESTABILIDAD EN LA VIDA DE CUALQUIER PERSONA, Y DE LA PRIMERA CARTA QUE NOS LLEGÓ DE BARTOLOMÉ ESTEBAN.

         Las noches caribeñas son largas y sensuales y la brisa del mar refresca el ambiente al tiempo que los aromas salinos te bajan desde las pituitarias hasta cualquiera de tus humores más íntimos.
        Fueron unos meses prodigiosos de alegrías y amor… Por el día mi amado se dedicaba a poner en orden su hacienda y yo a recordar cómo se llevan los libros de contabilidad, como en la casa de mi preceptor en Sevilla, a la que nunca olvidaba porque para mí:
             “Sevilla tiene un color especial,
              Sevilla sigue teniendo su duende…”
              Allí donde me encuentre.
      En el muellecito de la bahía tenían construida una especie de cabaña abierta, (si siguen más adelante el relato y mi baño en la Fuente de la Eterna Juventud no les extrañará que la pueda denominar de chiringuito), y nos gustaba al atardecer desplazarnos hasta allí, unas veces solos y otros en compañía de nuestros amigos de “La Confianza” o de algunos visitantes, para hacer holganzas mientras contemplábamos la puesta de sol, y siempre nos acompañaban músicos, pues don Nicolás Salmerón ponía mucho empeño en que se desarrollará está cualidad del espíritu humano y aunque algunos de los instrumentos eran costos y más costoso que llegaran en buenas condiciones a la isla, la flauta carricera es bien fácil de construir en un lugar donde la caña abunda y con alguna guitarra que llega de aquí o de allá ya se tiene montada una orquestina.
         Cuando alguna vez llegó Serena con sus hijas Micaela y Mónica sentí una felicidad difícil de evaluar, el contacto con aquellas niñas me retornaban a la feliz infancia en los patios soleados de Sevilla…
         Para más, una vez don Juan era portador de una carta de mi querido Bartolomé Esteban en la que me decía, aparte de unos halagos que son previos a lo transcrito: 


         “Las casas en Veracruz son de madera con techos de palma, por aquí la denominan Ciudad de Tablas, resulta confuso, mi estimada Señora, que la ciudad por la que pasa más oro y plata y ricas mercancías del Universo de una impresión tan pobre, tal vez que estemos mal acostumbrados a las piedras y jardines que engalanan nuestra Sevilla, si los enemigos de las Españas pusieran empeño en ello la destruirían en un santiamén. Mientras permanezca anclada en ella la flota de nuestro Almirante don Ignacio de Angulo está bien protegida, pero cuando zarpe rumbo a la Habana volverá a estar bien desprotegida e indefensa.
         Por fortuna gracias a la habilidad de don Pedro de Valdelvira y de la capacidad negociadora de don Alejo cuando llegue a tus lindas manos este correo ya estaremos camino de Puebla, pues gracias al sello real que acompaña al arquitecto y las buenas gestiones del secretario de don Pepe se ha conseguido formar una nutrida caravana en la que irán bien seguras las mercancías de nuestro señor don Francisco de Zurbarán.
         En cuanto nuestras amigas doña Elena y doña Cristina cada vez se encuentran más próximas a doña Esperanza de Aguirre, que continúa llenándoles la cabeza de pájaros con sus locas ideas sobre las privatizaciones que parecen venidas de los diablos protestantes, lo que más bien parece estar en contra de los deseos de nuestro Señor don Felipe el Cuarto, y no sé si estos deseos de cambio acabaran por acarrear alguna tragedia. En alguna ocasión he oído como la amonestaba fray Raimundo. Lo que me parece cada vez más lejano es el trueque de la bisutería por pedrería auténtica, lo que aunque defraude a su señora madre en lo económico la resarcirá en saber que se ha librado dos auténticas pécoras.
         Como cuando terminé la presente me empezará a dictar Cuauhtémoc Luis una dirigida a su padre ya te informarás de cómo marchan los negocios de sus mercancías que también formarán parte de nuestra expedición.
         Las chicas mexhicanas son preciosas y muy cariñosas, tienen la piel del mismo color que nuestro amigo y le consideran como un príncipe, lo que me permite aproximarme mucho a ellas y sus costumbres, y hago muchos apuntes y dibujos sobre sus actividades cotidianas, unas veces al carboncillo y otras a la sanguina…”
         El resto de la misiva eran comentarios personales y buenos deseos.

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