sábado, 6 de octubre de 2012

LAS ISLAS - VIII



VIII
         DE CÓMO NADA SUCEDIÓ COMO LO PREVISIBLE Y DE CÓMO CUALQUIER PRESUNTO CAPTOR PUEDE CONVERTISE EN UN PRESO.

         Según luego nos contaría don Pepe:
         - La trama urdida hubiera funcionado a las mil maravillas, pues como a media hora de camino nos encontramos con que un grueso tronco cerraba el trayecto de parte a parte, aviso de que pronto los facinorosos se nos echarían encima, así que mientras mi mano izquierda domeñaba con las riendas el ímpetu de mi cabalgadura la diestra se me fue como de oficio derecha a la empuñadura del alfanje… -hizo una pausa, para continuar -, mas el obstáculo no estaba solitario, sino que una media docena corchetes a los que gritaba un alguacil para que aceleraran su trabajo se afanaban en retirarlo de la senda con lo que si había merodeadores por los contornos el galgo había alejado a la liebre…


         Nos lo contaba a don Juan Bacardi y a mí, sentados los tres en la calesa. Bien protegidos por la guardia comandada por el Alguacil del Obispo y con la carreta de los comediantes cerrando la comitiva.
         - ¿Es una orden de detención? –insistía don Juan.
         - No, tan sólo de presentación para pedirme explicaciones, que sin duda serán muchas porque no se especifican en el escrito.
         - Los tiempos andan muy revueltos y a veces se dan palos de ciego por ver si de donde no se tiene nada se puede sacar alguna claridad -don Juan le quería quitar importancia al asunto, quizá más por calmarme a mí, que por tranquilizar a su amigo.
         - En cualquier caso, cuando lleguemos a Santiago sería preferible que no nos vieran a los tres juntos, si te ve el Señor Obispo se le podría ocurrir prolongar el interrogatorio hacia tu persona, querido amigo, y tú, mi amada Esther estarás mucho más segura en mi finca -y me beso la mano -. También aprovecharé que estoy en la ciudad para arreglar algunos asuntos económicos que tengo pendientes con varios comerciantes, con lo que es posible que me detenga por un par de días.
         - Nos volvemos a separar… -me quejé -.Prefiero afrontar los riesgos a tu lado que estar sola -y le besé en la mejilla.
         - No seas chiquilla, no vas a estar sola, don Juan te hará compañía hasta mi regreso, pues también estará interesado en conocer noticias mías de primera mano y seguro que se queda…
         - Puedes estar cierto de ello y que, en caso de necesidad, protegeré a tu prometida con el mismo empeño que pondrías tú -le interrumpió don Juan y me dedicó una amplia sonrisa fraternal.
         - Además, la esposa de Kunta, Sofía, es una gran mujer con la que enseguida trabarás buena relación, y con respecto al manejo de la casa estoy convencido que puede ponerte al día mejor que yo… Después que lleguéis y tras un descanso, que bien se merece nuestro buen gallego, me le retornas con la calesa a Santiago para mi regreso -se dirigió a su amigo y dio por zanjado el tema.
         Pero mi alma estaba llena de confusión y desasosiego, y mi pensamiento lleno de incógnitas: ¿Sería tan fácil el litigio con el Obispo, o procesarían a mi amado? ¿En verdad llegaría a trabar una buena relación con la llamada Sofía, o ella se sentiría molesta con la llegada de una forastera y con la posibilidad de cambios que afectarían a su vida cotidiana?

jueves, 4 de octubre de 2012

LAS ISLAS - VII



VII
         DE LA TRAMPA QUE SE TENDIÓ AL BANDIDO RUBAL CABRALOCA 
     
         Nos hubiera complacido detenernos más espacio en tan grata compañía pero las obligaciones de mi amado, al que reclamaba el cuidado su hacienda, nos obligaron a hacer el petate más presto de lo deseado.
         - Don Juan quiere aprovechar nuestra partida para tenderle una trampa al bandido Rubal Cabraloca, y que deje de hacer felonías por sus tierras, pero como eso pondrá en peligro tu vida quiero ponerlo en tu conocimiento y hacerle desechar la idea si no estás de acuerdo…
         - Siempre me hubiera gustado ser una hija de buena familia que viviera una vida tranquila en la apacible Sevilla. Y tener muchos hijos… pero parece que el destino se ha confabulado para que mi existencia sea muy distinta… “Unas nacen con estrella y otras nacemos estrelladas…”
         - Mi querida doña Esther, me gustaría ofrecerte una vida de duquesa pero los tiempos que nos han tocado vivir están llenos de desasosiego… Si este bandido se hace fuerte no sería de extrañar que en un momento dado se atreviera a atacar la hacienda de nuestro hospitalario amigo y poner en peligro la vida de Serena y sus hijas.
         - Parece que el preguntarme era una tautología… ¿Cuál es el plan, pues?


         - Ofrecernos como cebo para que el bandido caiga en el anzuelo, pero… se me está ocurriendo una idea mejor para no poner en riesgo tu vida… pero antes hay que consultar con los comediantes y comprobar cuan adelante son capaces de arriesgar en una farsa…
         Fue divertido ver a don Pepe tomado del brazo con don Alfonso, que interpretaba mi papel con soltura aunque fuera una cuarta más alto que yo, y mi vestido le quedara corto y estrecho, aunque la posible tragedia que se avecinaba se entremezclaba con lo cómico y nos provocaba a todos permanecer un tanto envarados, y a quien menos gracia le hacía el asunto era a don Ginés, a quien se le había dado un papel estelar en la función sin consultar si estaba de acuerdo o no en participar en ella.
         - ¡Carallo con los tiempos que corren, si en la anterior me fui entre los cascos de la mula no sé como acabaré en esta!
         - Los tiempos tienen fiestas en los conventos y riesgos en los caminos –medio rió don Pepe, que afrontaba la situación con gallardía pero sabedor del peligro que se iba a tener tampoco con el alma muy ufana.
         Y en vez de subir a la calesa con la supuesta novia montó en un caballo blanco que le había prestado don Juan  para, en su caso, poder combatir con mayor desembarazo, porque tampoco estaba claro que el bandolero cayera en la trampa.
         En cualquier caso el resto de la compañía de comediantes también tenía que partir hacia Santiago, y era parte de la trama que en su carreta cubierta, donde se guardaban las vestimentas y tramoyas se escondiera gente armada que serían los que desbaratarían el hurto. No estaba mi ánimo para esperas así que no estaba dispuesta en quedarme al margen de aquella acción por lo que me subí al carro de los volatineros que iban a representar una batalla real.
         Este si iba protegido por una tropa a caballo comandada por don Juan con lo más granado de sus capataces armados hasta los dientes.

miércoles, 3 de octubre de 2012

LAS ISLAS - VI



VI
         DE LAS COSAS QUE SE PLATICAN ENTRE MUJERES QUE PERDIERON SU ARRAIGO Y ESTÁN EN CAMINO DE ENCONTRAR UNO NUEVO.

         Cogidas del brazo éramos como dos hermanas, ella sería como un par de años mayor que yo, y de estatura me sacaba una cuarta por lo menos, por lo que bien se me configuraba como una hermana mayor, y de lo que platicábamos nos confraternizábamos cada vez más, pues ella no perdió tiempo en afirmar que por su cuna era una princesa, y como tal eran sus ademanes y el trato que dispensaba, hija de un rey allá en su tierra africana, que había sido apresada y esclavizada por bandidos musulmanes, y bendecía la suerte de haber sido comprada por don Pepe, al que debía de tener en el Olimpo de la Caballería, pues no dejaba de alabar la donosura con que la trato separándola del resto de los esclavos y llevándola a su propia recámara en el bajel.
         Esta confidencia me puso en cierto modo celosa y me separé con cierta brusquedad de ella, a lo que reaccionó, comprendiendo los motivos, afirmando con una sinceridad tan amable como triste:
       - No tengas preocupaciones por ese lado, un buen comerciante sabe cuidar la mercancía con la que trata… y don Pepe lo es.
         - No puedo comprender que te humilles de ese modo, toda persona es libre ante los ojos de Dios.
         - En mi caso fui capturada a la fuerza, en una rafia, pero sé que antes de aquel penoso suceso hubo intercambios de otros miembros de mi tribu a cambio de mercancías, unas veces como tributo para conservar la paz en la aldea y otras como ambición de los próceres para tener una existencia mejor…  
         Su forma de hablar me resultaba extraña para alguien que seguramente seguía siendo una esclava y la hice participar de mi sorpresa.
       - Estuve un tiempo en la hacienda de don Pepe, allí tiene una especie de hombre sabio al que llaman maestro, don Nicolás María del Carmen Salmerón se llama, que vive entregado al amor a la ciencia y a la instrucción de los que llegan, es una suerte que don Pepe se haya fijado en ti, pero son muchas las fuerzas que están en contra de sus ideales libertarios. Mis hijas, como lo son también de don Juan, serán mujeres libres, una con el color que heredó de mi tez tendrá más difícil encontrar un buen maridaje, de lo que tenemos todos consciencia es que está isla es nuestra y la defenderemos con nuestras vidas.
        Vueltas al entrelazo de brazos, tras la aclaración de lo que me obnubiló, me tocaba a mi sincerarme.
       - Una nunca sabe por qué se enamora, y en mi caso creo que soy de fácil enamoradizo.
      - Don Juan tiene esposa e hijo en Málaga, allá en las Españas, así que me toca ejercer de concubina…
     Las niñas corrieron a nuestro lado para informarnos que en la mesa estaban cantando lindo.
        Así era, alguien había puesto una guitarra en las manos de don Pepe y el les cantaba el son que tanto le entretenía a mosén Xavier.
         “Con los pobres de la tierra
         Quiero yo mi suerte echar.
         El arrullo de las sierras
         Me complace más que el mar”

lunes, 1 de octubre de 2012

LAS ISLAS - V



V
         DE LOS JUEGOS Y CANCIONES INFANTILES CON LAS HIJAS DE SERENA.
         Su madre, Serena, que era color de ébano, las llamó un poco al orden para que dejaran de alborotar. Micaela había salido a la madre y Mónica al padre, al menos en cuanto a las coloraciones de su epidermis, porque los ojos de Micaela eras verdes y rasgados, seguro que herencia de algún antepasado árabe que familiarizó con el linaje de los Bacardi allá por Al Andalus.

         Mi perdida hija me levantó del asiento y me hizo acercarme a ellas, y de paso alejarme de la hedionda humareda que pronto se levantaría y que no me gustaba nada.


         Había una cuerda de pita atada entre dos ramas de un árbol, que seguro utilizaban para tender la ropa a secar, y me acordé de lo mucho que de pequeña me divertía saltando a la comba, así que le propuse a Serena que iniciáramos a las niñas en el juego y amenizarlo con una canción que me traía recuerdos de mi tierra:
         Tanto vestido blanco,
         Tanta parola,
         Y el puchero en la lumbre
         Con agua sola...
         Al limón, tira del cordón,
         Si vas para España,
         ¿Dónde irás tú, amor mío,
         Que yo no vaya?

         El puchero está roto,
         Tiene una raja
         Y por allí se salen
         Las calabazas…
         Al limón, tira del cordón,
         Si vas a La Habana,
         ¿dónde irás tú, amor mío,
         Que yo no vaya?

         Tengo las calabazas
         puestas al humo,
         al primero que llegue
         se las emplumo.
         Al limón, tira del cordón,
         Si vas a Santiago,
         ¿dónde irás tú, amor mío,
         Que yo no vaya?

         Tanto reloj de oro,
         tanta cadena,
         luego van a su casa
         y no tienen cena.
         Al limón, tira del cordón,
         Si vas para Cuba,
         ¿dónde irás tú, amor mío,
         Que yo no vaya?

         Con el ajetreo de los saltos las niñas se cansaron y se tendieron junto a una palmera mientras reían, y su madre aprovechó la ocasión para enseñarme los jardines de la hacienda, y durante el paseo hacernos mutuas confidencias…