miércoles, 17 de octubre de 2012

LAS ISLAS - XV



XV
         SOBRE OTROS VISITANTES,  Y DE CÓMO SE ME TRATABA COMO A LA DUEÑA DEL COTARR0.
         La hacienda más cercana a la nuestra pertenecía a don Pedro Agustín Pérez, y las relaciones económicas y afectivas entre él y don Pepe podían considerarse de hermandad, pues eran casi cuñados ya que su difunta esposa era como medio prima de la madre de Cuauhtémoc Luis. Tenía una hija, de nombre Estefanía Luna, a la que nunca llegué a conocer en persona, aunque sí por un retrato que la hizo Bartolomé Esteban, pues ella vivía en Guadalajara, en lo que después sería el estado de Jalisco, con sus tíos.
         Su padre pensó que cuanto más cerca se encontrara de la corte virreinal de la Nueva España más posibilidades tendría de tener una educación refinada y de encontrar un marido digno de su real ascendencia, se entiende que por parte materna, y de su belleza, así que la puso en tutoría de su hermana, que estaba casada con uno de los responsables de la Casa del Oro y de la Plata, lugar donde se hacían los trueques y se entregaban los tributos con destino a la Corona.
         - ¡A las buenas de Dios! -era el saludo tradicional de don Pedro Agustín, quien siempre ocupado en los negocios desde niño nunca tuvo tiempo para recibir una educación muy esmerada. Sus padres se dedicaban al negocio de la lana, y como un tal Miguel Hernández, en su niñez fue pastor de ovejas.
         “Carne de yugo a nacido,
         Más humillado que serio,
         Por el yugo perseguido,
         Por el yugo para el cuello.
         Nace como la herramienta
         A los golpes destinado…” 
      Según me contó don Pepe, como que siguiendo la llamada de otros pastores como Pizarro un día decidió decirles a los padres que se embarcaba para las Américas, coincidió en el mismo galeón con mi amado, se hicieron amigos, porque don Pedro Agustín dicharachero y mediador era como pocos, y siempre encontraba la frase oportuna para hacerte reír, y así uno poniendo la inteligencia y otro la embajada, y ambos la decisión se pusieron a realizar su particular conquista, que sino el continente si les permitió tener dos lindas haciendas en Guantánamo y dos preciosos hijos, al menos de los reconocidos...
         Había sido rubio y tenía los ojos azules, y aunque de no muy elevada estatura debió de tener un buen porte unos años atrás, ahora medio canoso y calvo y con un buen barrigón daba más la impresión de que se dedicaba a disfrutar de lo conseguido que de de acrecentarlo, lo cual también era un buen motivo para que hubiera alejado a su hija de su lado. Pero su buen humor y su amistad con mi querido don Pepe continuaban intactos, y en el tema de los negocios más que socios, era también mi amado quien dirigía los del vecino, cada uno era padrino del hijo del otro y eso les daba una unión que muy profunda. Lo único que les llevaba a algún tipo de disputa era la forma tan particular de llevar las cuestiones morales don Nicolás Salmerón.
         - La indiada es la indiada y los esclavos son esclavos, a cada uno nos puso Dios, Nuestro Señor, en su lugar…
         - Las relaciones entre las personas no tienen por qué seguir siempre siendo tan desiguales -le rebatía don Pepe -. Los griegos, a quien debemos buena parte de nuestra civilización, ya inventaron la democracia, el gobierno del Pueblo…
         - Pero nunca prescindieron de tener esclavos, y para poder mantener su refinamiento intelectual y científico precisaban de una abundante mano de obra que les realizara las tareas pesadas, ¿no cree doña Esther? - me introdujo en el debate.
         - En realidad no poseo una gran instrucción, ni siquiera mediana, en Sevilla era una criada más en la casa de don Francisco de Zurbarán -intenté evadirme del tema.
         - Pero sabe escribir y sabe de cuentas, como me ha informado don Pepe.
         - Entre las virtudes que adornan a mi amada figura también la modestia -y Pepe me acarició una mano mientras me dedicaba una sonrisa-. Don Francisco se encuentra entre los hombres más cultos de nuestro tiempo y a su casa es visitada por los artistas más ingeniosos… La enseñó a escribir don Lope de Vega, nada menos…
         - A copiar lo que él escribía -puntualicé.
         - ¡Nada menos! -exclamó don Pedro Agustín, y, dejando de lado el tema de la discusión que mantenían momentos antes, sacó de la faltriquera un medallón colgado de una cadena de oro -. ¿Me permites que le haga un regalo a tu novia? -preguntó a don Pepe, y sin esperar respuesta me lo entregó mientras explicaba- : Representa una diosa de la mitología mexicana, Coatlicue, una especie de versión de la Madre Tierra, y lo consideran una especie de amuleto de la buena suerte…
         Lo tomé en mis manos para observarlo. Era una especie de camafeo circular de unos siete centímetros de diámetro, con la base de oro macizo incrustaciones de amatistas, rubíes y esmeraldas, configuraban el cuerpo de una mujer desmembrada, y ¡pesaba lo suyo, no era para lucirlo a diario! 
         - Es muy bello, no sé si debo aceptarlo.
         - Es muy hermoso y muy antiguo, procede de las culturas indígenas y es probable que en su día lo utilizara alguna princesa india en días de ceremonias. Lo guardaba para mi hija, como regalo de esponsales…
         - Razón de más para no poder quedarme con él.
         - Mi hija y Cuauhtémoc Luis siempre han sido como dos hermanos, si don Pepe ha decidido que en adelante figures como madre de su hijo también puedes considerarte como tal para ella… en la distancia, y lucirlo en su nombre.
         - Si no lo aceptas nuestro amigo lo considerará como una descortesía, así que no se hable más - y tomándolo de mis manos me lo colgó del cuello mientras me daba un beso en la nuca que me hizo estremecer hasta la punta de los pies.

          (Nota de editor:
         De la diosa Coatlicue, que para la mitología azteca era la creadora de la tierra, se descubrió una piedra circular de grandes dimensiones en las excavaciones del Templo Mayor del Distrito Federal, que hoy se guarda en el Museo del Templo como una de sus joyas más preciadas, pero no se tienen noticias de que se realizaran copias de esta imaginería del tipo medallones, aunque cabe la posibilidad…)
         La visita del vecino, aparte de presentar sus respetos a la prometida de su amigo, tenía un motivo comercial, pues utilizaba el bajel de mi don Pepe para llevar los productos de su hacienda hasta La Habana.
       Aunque el camino no dejaba de ser largo era mucho más seguro que transportarlas por unos caminos llenos de bandidos, que además podían quedarse cortados por la crecida de algún río. Las mercancías eran llevadas hasta el embarcadero cercano a nuestra residencia en carretas, y mediante almadías construidas con troncos de árboles atados por fuertes lianas descendían el curso del río hasta la ensenada donde esperaba anclado el bajel.
         En sí cada uno de estos transportes constituía un festejo para la gente de “La Confianza”, pues eran señal de prosperidad y de que al regreso el bajel nos abasteciera con otras mercaderías de las que no se disponía en aquel rincón apartado. Y así, junto con las balsas descendían como acompañamiento una buena cantidad de esquifes con velas y canoas a remo, unas debidas a técnicas ancestrales y otras a la curiosidad científica de nuestro Nicolás María del Carmen Salmerón. Y mi propia curiosidad y deseos de observar de primera mano cómo se desarrollaba el proceso me llevaron a tener una de las aventuras más peligrosas y trascendentes de mi vida.  

martes, 16 de octubre de 2012

LAS ISLAS - XIV



XIV
         DE CÓMO PUEDE HABER ALGUNOS MOMENTOS DE ESTABILIDAD EN LA VIDA DE CUALQUIER PERSONA, Y DE LA PRIMERA CARTA QUE NOS LLEGÓ DE BARTOLOMÉ ESTEBAN.

         Las noches caribeñas son largas y sensuales y la brisa del mar refresca el ambiente al tiempo que los aromas salinos te bajan desde las pituitarias hasta cualquiera de tus humores más íntimos.
        Fueron unos meses prodigiosos de alegrías y amor… Por el día mi amado se dedicaba a poner en orden su hacienda y yo a recordar cómo se llevan los libros de contabilidad, como en la casa de mi preceptor en Sevilla, a la que nunca olvidaba porque para mí:
             “Sevilla tiene un color especial,
              Sevilla sigue teniendo su duende…”
              Allí donde me encuentre.
      En el muellecito de la bahía tenían construida una especie de cabaña abierta, (si siguen más adelante el relato y mi baño en la Fuente de la Eterna Juventud no les extrañará que la pueda denominar de chiringuito), y nos gustaba al atardecer desplazarnos hasta allí, unas veces solos y otros en compañía de nuestros amigos de “La Confianza” o de algunos visitantes, para hacer holganzas mientras contemplábamos la puesta de sol, y siempre nos acompañaban músicos, pues don Nicolás Salmerón ponía mucho empeño en que se desarrollará está cualidad del espíritu humano y aunque algunos de los instrumentos eran costos y más costoso que llegaran en buenas condiciones a la isla, la flauta carricera es bien fácil de construir en un lugar donde la caña abunda y con alguna guitarra que llega de aquí o de allá ya se tiene montada una orquestina.
         Cuando alguna vez llegó Serena con sus hijas Micaela y Mónica sentí una felicidad difícil de evaluar, el contacto con aquellas niñas me retornaban a la feliz infancia en los patios soleados de Sevilla…
         Para más, una vez don Juan era portador de una carta de mi querido Bartolomé Esteban en la que me decía, aparte de unos halagos que son previos a lo transcrito: 


         “Las casas en Veracruz son de madera con techos de palma, por aquí la denominan Ciudad de Tablas, resulta confuso, mi estimada Señora, que la ciudad por la que pasa más oro y plata y ricas mercancías del Universo de una impresión tan pobre, tal vez que estemos mal acostumbrados a las piedras y jardines que engalanan nuestra Sevilla, si los enemigos de las Españas pusieran empeño en ello la destruirían en un santiamén. Mientras permanezca anclada en ella la flota de nuestro Almirante don Ignacio de Angulo está bien protegida, pero cuando zarpe rumbo a la Habana volverá a estar bien desprotegida e indefensa.
         Por fortuna gracias a la habilidad de don Pedro de Valdelvira y de la capacidad negociadora de don Alejo cuando llegue a tus lindas manos este correo ya estaremos camino de Puebla, pues gracias al sello real que acompaña al arquitecto y las buenas gestiones del secretario de don Pepe se ha conseguido formar una nutrida caravana en la que irán bien seguras las mercancías de nuestro señor don Francisco de Zurbarán.
         En cuanto nuestras amigas doña Elena y doña Cristina cada vez se encuentran más próximas a doña Esperanza de Aguirre, que continúa llenándoles la cabeza de pájaros con sus locas ideas sobre las privatizaciones que parecen venidas de los diablos protestantes, lo que más bien parece estar en contra de los deseos de nuestro Señor don Felipe el Cuarto, y no sé si estos deseos de cambio acabaran por acarrear alguna tragedia. En alguna ocasión he oído como la amonestaba fray Raimundo. Lo que me parece cada vez más lejano es el trueque de la bisutería por pedrería auténtica, lo que aunque defraude a su señora madre en lo económico la resarcirá en saber que se ha librado dos auténticas pécoras.
         Como cuando terminé la presente me empezará a dictar Cuauhtémoc Luis una dirigida a su padre ya te informarás de cómo marchan los negocios de sus mercancías que también formarán parte de nuestra expedición.
         Las chicas mexhicanas son preciosas y muy cariñosas, tienen la piel del mismo color que nuestro amigo y le consideran como un príncipe, lo que me permite aproximarme mucho a ellas y sus costumbres, y hago muchos apuntes y dibujos sobre sus actividades cotidianas, unas veces al carboncillo y otras a la sanguina…”
         El resto de la misiva eran comentarios personales y buenos deseos.

domingo, 14 de octubre de 2012

LAS ISLAS - XIII



XIII
        

          SOBRE COMO MEDIANTE LA CORRESPONDENCIA QUE NOS LLEGABA NOS ÍBAMOS INFORMANDO DE LO QUE ACAECÍA LEJOS DE NUESTRA CONFIANZA.

         A diario nos llegaba correspondencia desde Santiago del puño y letra de mi don Pepe, para don Juan con informaciones concretas de cómo iban los asuntos por allí y para mí con algún que otro versito, y con intimidades, y pidiéndome paciencia, y prometiéndome un pronto regreso. Con lo mío me quedaba pero lo que llegaba a don Juan era compartido… El llegar con la partida de cómicos había sido providencial porque para el Obispo con la perspectiva de que iba a poderse representar en su parroquia un Auto Sacramental de Calderón de la Barca el asunto por el que hizo llamar a don Pepe quedó en segundo plano. 

         Como de alguna manera también se encontraba implicado en algunos de los asuntos, pues de alguna manera no podía estar totalmente desinformado de los saraos que se celebraban en el Monasterio de Santa Margarita, era más bien una advertencia sobre las formas que sobre el fondo de las actividades de mi amado.


       - Se rumorea que en sus viajes trae esclavos negros a la isla… se rumorea que algunos de los esclavos que trabajan en su hacienda son liberados y se les deja seguir sus costumbres paganas… se rumorea que trata con algunos comerciantes que tienen sus costumbres bastante relajadas y se comportan de una manera bastante tibia con respecto a nuestra Santa Madre Iglesia…
         - Su Ilustrísima, con todos mis respetos, no irá a darle pábulo a lo que comentan malintencionados malandrines envidiosos de ver como se acrecienta mi fortuna… Su Ilustrísima sabe, y esto no son rumores sino hechos, que el Convento de las Carmelitas, del que es madre abadesa Sor Angustias, se mantiene en gran medida gracias a mi hacienda y de mi peculio se está reconstruyendo el tejado que se llevó el huracán…
        - Estamos en conocimiento de sus buenas obras de caridad… pero corren tiempos difíciles para todos, el que hoy se encumbra mañana puede estar descendido… y también me han llegado rumores de que alguna persona ha hecho un uso indebido de mis aposentos en el Monasterio de Santa Margarita.
         (Cuando escuché la relación que hacía don Juan no pude por menos que sonreír al pensar que se hizo de ellos un uso exquisito).
         - Sobre ese particular no tengo noticias, mosén siempre me cede su celda cuando pernocto allí… pero vi la carroza del Gobernador junto a la puerta…
         - Tal vez me informaron mal -dudó el Obispo.
        - Los cómicos son muy buenos, les he oído declamar versos de don Lope de Vega y lo hacen de ensueño -cambió el tema de la conversación con gran astucia don Pepe.  
         Ricardo Darin y los suyos estaban alojados en el palacio episcopal viviendo una linda existencia tras los azares del camino y todo llevaba visos que la duración de aquel paraíso particular se extendería cuanto pudieran entre elegir el texto adecuado, memorizarlo, lugar idóneo para la representación, etcétera… y contaban con la colaboración de don Pepe, que mientras resolvía sus asuntos comerciales no dejaba ni un solo día de visitar al Obispo con objeto de seguir congraciado con él.

         Tampoco creo que me contara todo cuanto contenían las misivas, en particular en lo referente a las reuniones nocturnas que seguro que como en La Habana las seguiría teniendo en la capital eclesiástica de la isla.
         Las palabras que me dijera Sofía en el carromato y el que no me guste estar mano sobre mano me impulsaron a pedirle opinión a don Juan sobre sí mientras me iba haciendo con el pulso del lugar retomaba las atrasadas contabilidades de don Alejo, a lo que accedió complacido por mi iniciativa y me dijo que en la carta que le estaba escribiendo a don Pepe le pondría al corriente del asunto, como también que sus propias ocupaciones le impedían permanecer por más tiempo en “La Confianza”, que era el nombre como se conocía a la hacienda de mi amado.
         Pero no fue necesario que la llegara a cursar, porque aquel mismo atardecer flanqueado por el griterío de la chiquillería apareció la calesa guiada por don Ginés que traía de nuevo a mis brazos a mi amado.