XXII
Como
un repique de campanas me volvió a despertar…
Era
la voz de doña Leticia, que la tenía tan aguda que parecía cuando hablaba que
sonaban cascabeles, tratando de informarse sobre mi salud y si me encontraría
con fuerzas para participar en la merienda-cena con los demás invitados.
Me
quedé en blanco. Me hallaba en tres mundos: el de los deliquios amorosos con
don Pepe, el de un dolor que me anegó hasta casi ahogarme y el de una calma
reconfortante que me embriagaba desde que llegué a esta mansión.
La
mujeruca pareció leerme los pensamientos…
-
Señora, a don Pepe le gustaría entrar a platicar con usted… si se encuentra con
fuerzas suficientes la ayudaremos a asearse y a vestirse…
Detrás
de ella se encontraban mis damas de compañía muy sonrientes, que habían
dispuesto un amplio balde de madera con agua humeante en el centro de la estancia…
dirigí mi nariz hacia el sobaco izquierdo y un insoportable tufo me dio a
conocer que sin duda un buen baño era lo que más necesitaba en aquellos
momentos.
La
estancia era amplia y de techos elevados, tumbada en el baño mientras el sol de
poniente jugueteaba con los damasquinados de los visillos produciendo ilusorias
visiones sobre las encaladas paredes,me hubiera pasado horas de ensoñación…
-
No olvide que la aguarda mi patrón –me tornó a la realidad el ama de llaves.
“¿Me
seguirá amando después de comprobar lo trasto que soy?”
Secada,
perfumada, peinada, vestida y adornada con ropas y bisutería prestadas por mis
damas, la imagen que me retornó un gran espejo en el que me miré era la de una
joven agraciada y comedida que caminaba hacia un incierto destino que presentía
esplendoroso…
Aunque
en sus versos hablará de rosas lo que me ofreció don Pepe, además de un fuerte
brazo en que apoyarme, fue una orquídea de pétalos blancos y cáliz rosado, que
con mucho desenfado depositó en mi escote.
-
Los amigos esperan –dijo, mientras dejaba al mismo tiempo un tenue beso, que
apenas si fue un roce, en mi mejilla -. Todos se alegran de que se encuentre
mejor… -y cogida de su brazo bajé la amplia escalera helicoidal de madera
labrada que conducía hasta el vestíbulo del patio.

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