XXXII
Había
sido informado de mis inquietudes con respecto a las personas de las que me
consideraba responsable, pero él era de la opinión de que el amor todo lo
allana y de que a todo problema se le
puede encontrar solución… o a casi todo, porque aunque estábamos como locos por
gozar el uno del otro era necesario guardar las apariencias y tan solo nos
podíamos intercambiar algunos besos y caricias furtivos en la penumbra mientras
paseábamos por el jardín, mientras platicábamos sobre cuestiones menos
románticas y más pecuniarias.
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Tu idea, cariño, sobre el crecimiento ilimitado de los ducados es buena pero
impracticable, porque todo documento de pago debe llevar el sello de la Casa de
la Moneda, bien de la Corte o de sus satélites en la Nueva España, lo mismo que
hacen el resto de las Casas Reales europeas con sus colonias, lo que a la larga
acabará por generar guerras de independencia…
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El doctor Monsieur de Lavoisier tras de explorarme con detenimiento me ha
comunicado que algo interno se debió de romper, no se sabe si en el primer
accidente o en el segundo, y que es poco probable que pueda tener hijos…
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Es un gran médico, es una lástima que haya tenido que dejarnos para
reincorporarse a su servicio en la “Marigalante”, cuando les dejaron partir
rumbo a La Martinica, en estos momentos nuestras naciones son aliadas y mañana
¿quién sabe?, las Antillas son como un puchero donde se cuece el futuro del
mundo.
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Estás muy enterado de cuánto ha ido acaeciendo por la ciudad, pese a haberte
pasado las últimas semanas al otro lado de la isla…
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Si algo funciona bien en este lugar es el servicio de Postas, sino sería
imposible que la capital económica y política estuviera aquí y la espiritual en
Santiago… y volviendo al tema anterior, no obstante lo establecido, para poder
facilitar nuestras transacciones entre comerciantes, y cuando el objeto de lo
comerciado no puede ser dejado por escrito, como el asunto que me llevó a
África, nos servimos de cartas de pago internas en las que por fuerza debe
predominar la confianza entre los que adquieren el compromiso, y que para quienes
las reconocen tienen el mismo valor que las monedas de oro.
Después
de la cena volvía a la habitación que compartía con Elena y Cristina, y la
mayor parte de las noches don Pepe, acompañado siempre por su Secretario, salía
de la mansión medio encubierto, y algunas veces no regresaban hasta casi el
amanecer, porque entre el calor y el come-come me pasaba las noches en vela y
los sentía regresar con las luces del alba.

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