XXIX
Pasadas
las lluvias nos quedó un calor húmedo y pegajoso que nos mantenía inundadas
noche y día en sudor, como si la anegación de las tierras quisiera trasladarse
a los cuerpos antes de abandonar la villa…
El
doctor Lavoisier llegó al fin, y de su profunda e íntima exploración no se sacó
más determinación de la que ya habían establecido los profanos: alguna costilla
rota y un tobillo dislocado. Se supone que felicitó a doña Leticia por la forma
en que estaba llevando el tratamiento, aunque ninguno de los presentes
entendiéramos ni papa de su jerga entremezclada con algunas palabras en
castellano su sonrisa daba a entender que lo mío no era grave y que se había
tratado de una forma acertada.
-
Bian, bian… gueposo, gueposo…
Bien…
¡y una leche!, los cuadros de don Francisco de Zurbarán continuaban en alta
mar, Bartolomé que había sido requerido por don Pedro para que le ayudara en
una especie de Junta de Reconstrucción de la villa de la que había sido
nombrado responsable, mis supuestas damas de compañía que no hacían sino
quejarse y gimotear sobre nuestro incierto futuro, yo postrada en el lecho
bañada en un mar de sudor y de angustias… y don Pepe que no acababa de llegar.
En
su lugar apareció un buen día don Alejo Carpentier, su secretario, que me
entregó una carta de su puño y letra…
La
misiva era tan breve como afectuosa… Se trataba de una carta de amor muy
personal, y como tal me la guardo para mí muy cerca del corazón… y transcribo
tan sólo la frase referente al mensajero:
“…Para
cualquier asunto referente a economías y demás asuntos mundanos puedes confiar
en mi Secretario, don Alejo, como si lo trataras conmigo directamente…”
El
mencionado se había acercado a uno de los ventanales recién reparados, y miraba
hacia el jardín, dejándome en libertad para la lectura y el sentimiento, pero
si no había salido de la cámara era seguro porque conocía el contenido de la
misiva, y sabía que en ella se pedía una respuesta por mi parte.
Tras
de meditar un instante y secar alguna furtiva lágrima que se me había escapado,
pude al fin musitar:
-
Me hubiera gustado escuchar estas palabras tan sentidas de su propia voz…
-
A don Pepe también le hubiera gustado haber venido en persona en su busca, mi
señora doña Esther –afirmó don Alejo volviéndose hacia el butacón en que me
habían acomodado junto a la mesa camilla -, pero no era posible por la
seguridad de todos… levantar un ejército para defender la ciudad en un momento
en que se temía un inminente ataque enemigo hubiera sido considerado como un
acto de abnegación al servicio de la Corona, pero una vez pasado el peligro
algunos hubieran considerado que sus propósitos eran tan preclaros… como no ha
tenido oportunidad de platicar, debido a su accidente que la tiene encerrada en
esta mansión, con muchas personas no ha podido darse cuenta de que nos
encontramos en un nido de vanidades y ambiciones de todo tipo… pero, ya lo irá
descubriendo por si sola si tenemos la ventura de tenerla algún tiempo entre
nosotros…
-
Por el momento no tengo muchas posibilidades de movimiento –intenté esbozar una
sonrisa-, y sólo me puedo informar de lo que acaece en el exterior a través de
las visitas, que son muy pocas, y la verdad algunas se agradece que no
aparezcan, de quien no sé nada desde hace algunos días es de fray Raimundo, lo
que no deja de admirarme, porque se había tomado muy en serio una cierta
responsabilidad que decía tener hacia mi persona…
-
Sobre ese particular puedo informarle de primera mano, pues me cruce con la
comitiva del Señor Obispo, al que acompaña a Santiago, donde está la Sede
Episcopal… No intercambiamos mucha plática, pero es obligado para todo buen
feligrés, rendir su pleitesía al representante de Nuestro Salvador en estas
tierras… y por muchos motivos, creo que ya sabrá Señora que el poder terreno de
los representantes del celestial es casi parejo al de la Corona…
-
Algo sé, y a quien le interese medrar es aconsejable que esté a buenas con
ellos…
-
Sobre consejos, usted tal vez sabrá mejor que nadie cual son las intenciones
con la venida de tal prelado, pues se comenta que es un representante de la
Santa Inquisición…
-
Así es, y es fama que en Toledo presidio uno de los Actos de Fe del que todavía
huele a humo la ciudad.
-
Tendremos, pues, hogueras…
-
Dependerá de la relajación de las costumbres que se tengan por aquí…
-
Como ya habrá notado tanto el clima como la exuberancia vegetal que provoca tan
fuertes aromas son un desafío a la concupiscencia de la carne, tanto de la
seglar como de la eclesiástica…
-
Entonces es seguro de que habrá carne asada –y sentí una naúsea al
pronunciarlo.
Notando
mi asco don Alejo se apresuró a acercarme un vaso con limonada, y mientras
bebía aprovechó para cambiar el rumbo de la conversación.
-
En lo referente a cuales sean sus designios para un inmediato futuro no tiene
porque tomar decisiones precipitadas, aparte de servir de mensajero del amor he
venido a evaluar los daños causados en nuestras propiedades en esta zona de la
isla por el huracán y a reorganizar un poco todo esto… además de recuperar mi
recámara, que me había usurpado por unos días mi patrón, jajajajaja
Y
sintiéndome la culpable indirecta de tal acción no pude por menos que corresponder a su
ocurrencia con el esbozo de una sonrisa.

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