sábado, 15 de septiembre de 2012

EL VIAJE - XXIX



XXIX
         Pasadas las lluvias nos quedó un calor húmedo y pegajoso que nos mantenía inundadas noche y día en sudor, como si la anegación de las tierras quisiera trasladarse a los cuerpos antes de abandonar la villa…
         El doctor Lavoisier llegó al fin, y de su profunda e íntima exploración no se sacó más determinación de la que ya habían establecido los profanos: alguna costilla rota y un tobillo dislocado. Se supone que felicitó a doña Leticia por la forma en que estaba llevando el tratamiento, aunque ninguno de los presentes entendiéramos ni papa de su jerga entremezclada con algunas palabras en castellano su sonrisa daba a entender que lo mío no era grave y que se había tratado de una forma acertada.
          - Bian, bian… gueposo, gueposo…

       Bien… ¡y una leche!, los cuadros de don Francisco de Zurbarán continuaban en alta mar, Bartolomé que había sido requerido por don Pedro para que le ayudara en una especie de Junta de Reconstrucción de la villa de la que había sido nombrado responsable, mis supuestas damas de compañía que no hacían sino quejarse y gimotear sobre nuestro incierto futuro, yo postrada en el lecho bañada en un mar de sudor y de angustias… y don Pepe que no acababa de llegar.

         En su lugar apareció un buen día don Alejo Carpentier, su secretario, que me entregó una carta de su puño y letra…
         La misiva era tan breve como afectuosa… Se trataba de una carta de amor muy personal, y como tal me la guardo para mí muy cerca del corazón… y transcribo tan sólo la frase referente al mensajero:
      “…Para cualquier asunto referente a economías y demás asuntos mundanos puedes confiar en mi Secretario, don Alejo, como si lo trataras conmigo directamente…”


       El mencionado se había acercado a uno de los ventanales recién reparados, y miraba hacia el jardín, dejándome en libertad para la lectura y el sentimiento, pero si no había salido de la cámara era seguro porque conocía el contenido de la misiva, y sabía que en ella se pedía una respuesta por mi parte.
         Tras de meditar un instante y secar alguna furtiva lágrima que se me había escapado, pude al fin musitar:
         - Me hubiera gustado escuchar estas palabras tan sentidas de su propia voz…
         - A don Pepe también le hubiera gustado haber venido en persona en su busca, mi señora doña Esther –afirmó don Alejo volviéndose hacia el butacón en que me habían acomodado junto a la mesa camilla -, pero no era posible por la seguridad de todos… levantar un ejército para defender la ciudad en un momento en que se temía un inminente ataque enemigo hubiera sido considerado como un acto de abnegación al servicio de la Corona, pero una vez pasado el peligro algunos hubieran considerado que sus propósitos eran tan preclaros… como no ha tenido oportunidad de platicar, debido a su accidente que la tiene encerrada en esta mansión, con muchas personas no ha podido darse cuenta de que nos encontramos en un nido de vanidades y ambiciones de todo tipo… pero, ya lo irá descubriendo por si sola si tenemos la ventura de tenerla algún tiempo entre nosotros…
       - Por el momento no tengo muchas posibilidades de movimiento –intenté esbozar una sonrisa-, y sólo me puedo informar de lo que acaece en el exterior a través de las visitas, que son muy pocas, y la verdad algunas se agradece que no aparezcan, de quien no sé nada desde hace algunos días es de fray Raimundo, lo que no deja de admirarme, porque se había tomado muy en serio una cierta responsabilidad que decía tener hacia mi persona…
         - Sobre ese particular puedo informarle de primera mano, pues me cruce con la comitiva del Señor Obispo, al que acompaña a Santiago, donde está la Sede Episcopal… No intercambiamos mucha plática, pero es obligado para todo buen feligrés, rendir su pleitesía al representante de Nuestro Salvador en estas tierras… y por muchos motivos, creo que ya sabrá Señora que el poder terreno de los representantes del celestial es casi parejo al de la Corona…
         - Algo sé, y a quien le interese medrar es aconsejable que esté a buenas con ellos…
         - Sobre consejos, usted tal vez sabrá mejor que nadie cual son las intenciones con la venida de tal prelado, pues se comenta que es un representante de la Santa Inquisición…
         - Así es, y es fama que en Toledo presidio uno de los Actos de Fe del que todavía huele a humo la ciudad.
         - Tendremos, pues, hogueras…
        - Dependerá de la relajación de las costumbres que se tengan por aquí…
         - Como ya habrá notado tanto el clima como la exuberancia vegetal que provoca tan fuertes aromas son un desafío a la concupiscencia de la carne, tanto de la seglar como de la eclesiástica…
         - Entonces es seguro de que habrá carne asada –y sentí una naúsea al pronunciarlo.
       Notando mi asco don Alejo se apresuró a acercarme un vaso con limonada, y mientras bebía aprovechó para cambiar el rumbo de la conversación.
         - En lo referente a cuales sean sus designios para un inmediato futuro no tiene porque tomar decisiones precipitadas, aparte de servir de mensajero del amor he venido a evaluar los daños causados en nuestras propiedades en esta zona de la isla por el huracán y a reorganizar un poco todo esto… además de recuperar mi recámara, que me había usurpado por unos días mi patrón, jajajajaja
      Y sintiéndome la culpable indirecta de tal acción no pude por menos que corresponder a su ocurrencia con el esbozo de una sonrisa.

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